La Escuela de Mi Pueblo

[Mediados del siglo XX]

Teníamos las manos doloridas de la vara de don Tomás. Nos había castigado por reírnos de Santos, un alumno que iba algo retrasadillo pero con una gran cultura agrícola y forestal, que el día anterior dijo, que los ríos de España eran, el barranco, el río Melero y el de La vuelta y la acequia de Promediano.

¡Dime Santos! - ¿Cuáles son los principales montes de España?, le preguntó esta vez el maestro. Y él rápidamente contestó: "El de Ausejo,.... el de Carbonera.... yen Tudelilla.... el del tió Tololo yel del tió Benino" - ¡ Ja, ja, jaaaa...! - rompió la clase a carcajadas - ¡ De qué os reís ¡ - replicó don Tomás, sin conseguir que nos calláramos - ¿Acaso alguno de vosotros ha estado en un monte alguna vez?. ¡sabiondos¡. Y poniéndonos en fila nos dio con la vara en las manos a cada uno.

Santos, con sus doce años, se había pateado toda la sierra de La Hez, hasta llegó a subir a Peña Isasa, algo que en aquellos tiempos era un tabú, pues se comentaba que era un volcán y que podría entrar en erupción, además corría de boca en boca un refrán que decía: ¡ Peña Isasa, todos la ven y nadie la pasa, y una vieja que subió, el Diablo se la llevó !

Santos, faltaba mucho a clase, pues iba a hacer leña al monte para ganar algunos reales vendiéndola a las panaderías y tejeras de Calahorra. Entonces los carrascos, robles y encinas llegaban hasta la carretera N. 232, entre El Villar y Ausejo, y el monte se cuidaba y mimaba entresacando arbustos, quitando las ramas bajas y recogiendo la leña en haces que se cargaban en carros para venderlos a un Duro el "brazao" o almacenarlos para el invierno. Había encinas milenarias que hoy tendrían un valor incalculable. Pero con la llegada del butano y la necesidad de trigo, los montes se empezaron a roturar, cultivándolos de cereales que hoy son excedentarios
Eran las diez de la mañana y las maestras de las niñas, doña Carmen y doña Gloria con los de los niños, don Tomás y don Deo comenzaron el reparto de aquella leche en polvo, casi siempre con grumos y sabor quemado, que nos regalaban los americanos para que creciéramos más, y que obligatoriamente nos la teníamos que tragar; aunque algunos no llevaban ni azúcar, o en todo caso azúcar moreno que entonces era más barato debido a la escasez. Sólo algunos llevábamos de vez en cuando un poquito de Cola Cao.

A la hora del recreo los chicos salíamos al frontón. Algunos jugábamos a la pelota, al prime; y otros, al marro, a canicas, patacones, la tanga, la trompa, monta caballos o a la una anda la mula y las niñas a la soga, al chilindrín, a los potes o a las tabas.

A la salida de la escuela, dábamos una la vuelta por el pueblo con el roncho y pasábamos por el "mentirón" que siempre estaba lleno de gente esperando el paso de los autobuses de "La Viuda". Era costumbre estar allí un rato al venir del campo al medio día y hasta la hora de comer para ver a los viajeros que pasaban.

La Tarde en la Escuela

Después de comer volvíamos a clase, aquella tarde el sol quemaba tras las cristaleras y entraba modorra. Desde la calle, en la escuela de don Deo, como si se tratara de una guillotina; se veían un par de cabecitas al sol. Tenían la hoja elevadiza de la cristalera apoyada en los cuellos de dos de los niños que estaban castigados y para se escaparan. Otros estaban de rodillas sobre hojas de carrasco de la leña de la estufa por no saberse la lección o por dar guerra pues todos teníamos tiragomas y pistola echa con pinzas de tender la ropa que disparábamos con huesos de cereza y por pedir dos veces seguidas permiso para beber agua, corrías el riesgo de que te obligara a beber el rallo casi entero como le ocurrió a mi primo Julito. Aquella calurosa tarde, mi amigo Pepe le había roto las gafas al maestro al espantarle las moscas con el periódico NUEVA RIOJA cuando se echaba una siesta, mientras los demás niños cantábamos al unísono la tabla de multiplicar empezando desde el uno. Los cánticos de las otras aulas se mezclaban con el nuestro en una tonadilla inaudible:- !Una por unaaa ..esss.. una, una pol doooooos es doooosss .... - padreeee...... nuesssstro ..... -Caaaral sol....- con flores aaaa... Mari...iiiaa! o también la lista de los reyes Godos o de las regiones y provincias de España de carretilla. Para librarnos un rato de aquel aburrimiento, los niños pedíamos permiso para orinar detrás de la tapia del frontón. Las niñas decían para hacer aguas, y así hasta la hora del queso, un queso amarillo, también de los americanos, que venia en latas de cinco kilos y que había que partir habilidosamente en casi doscientos triángulos, uno para cada uno de los que asistíamos a clase. Terminábamos con el himno nacional en el que todos esforzábamos la garganta al llegar al ... triuuuufa España. Algunos nos quedábamos a "La Lección" o permanencias con el maestro, pagándole al mes en dinero, aceite, o una docena de huevos.

Al salir de la escuela íbamos a la estanca a jugar con barro a "tapabulleros", también a tiros a seis pasos o a intercambiar tebeos de Pulgarcito, Roberto Alcázar y Pedrín, del Guerrero del Antifaz o del Capitán Trueno y después a casa a oir Matilde Perico y Perquín, a Pepe Iglesias "el zorro" y con padre el parte, radio Paris o la Pirinaica.

Jesús con uno de los últimos burros de Villar de Arnedo.